Tofu duro en lo más alto de tu embudo de ventas

Todo negocio online que se precie necesita una estrategia funnelizadora, un embudo de ventas.

Eso nos dicen los gurús del marketing digital.

Y si estos profesionales del humo a granel, que ansían ayudar a emprendedores, que sean felices, vivan de su pasión, generando ingresos mensuales de seis cifras, en piloto automático, bailando la conga… lo dicen, no puede ser malo.

¿O sí?

 

TOFU, MOFU y BOFU

TOFU, MOFU y BOFU, como los Tres Cerditos, o los Tres Mosqueteros, son tres.

Pero, no son personajes novelescos o de cuento. A este otro trío los une su condición de vecinos.

Viven en Villa Embudo, un moderno edificio de forma cónica y líneas curvas.

TOFU, el protagonista de nuestro relato funnelizador, es el inquilino del ático.

Espacio que podría ser la envidia de cualquier museo, sala de exposiciones, etc.

¿Debido a su vasta colección de arte o amplias dimensiones?

No.

Es que siempre está a tope de gente de visita, pidiendo información… se ve que cuenta con contenido interesante.

O, algo ocultan esas cuatro paredes.

Nada que objetar, por supuesto. No soy un aguafiestas.

El tofu que puedes encontrar en los supermercados chinos es barato y es capaz de darte mucho juego en la cocina.

¿No me crees?

Mira, por ejemplo, coge un bloque de tofu duro, sin abrir, y mételo 48 horas en el congelador.

Tras esto, descongélalo en la nevera, sin prisas.

Verás que textura más curiosa adquiere gracias a que el agua que se encuentra en su interior se cristalizó.

Prénsalo para sacarle el líquido, marínalo a tu gusto, y disfruta.

Bueno, que me disperso. Volvamos a la nave.

 

Marketing de contenidos, de luz y de color

Oh, el marketing de contenidos. Oh, el marketing digital.

Un mundo de masas enfervorecidas abrazando cada cliché, cada tópico, como si de dogmas de fe se tratase.

Muchos se obsesionan con ellos. Nómadas digitales, sobre todo. Miembros de la tribu. Entusiastas de las puestas de sol en lugares paradisiacos.

Sí, como esos copywriters de los que te hablé en un anterior artículo, que escriben palabras que enamoran, y que dan grima.

Puede llegar a convertirse en un problema.

 

¿Todo lo que das es gratis? ¿Qué vendes? ¿Sabes vender? ¿Eres la solución a algo?

Por si no lo recuerdas, te hablaba de embudos. Igual no ha sido buena idea plantear este texto de forma inconexa.

No sin mi embudo de conversión.

 No funnel, no fun.

Vale, si vendes algo, tienes un funnel de ventas. Hasta ahí estamos de acuerdo.

¿Por qué esa obsesión por complicarlo todo?

Lo esencial es encontrar la manera de generar interés en la compra.

Que tu potencial cliente vea algo en tu producto o servicio.

Establecer una relación comercial.

Y eso cuesta conseguirlo si andas:

  • Perdido en el laberíntico mundo de los embudos.
  • Aprendiéndote una lista de anglicismos para soltar en reuniones, grupos de Facebook, networkings, etc. y quedar de guay y entendido.
  • Inventando buyer personas que nunca serán tus buyer personas.
  • Aburriendo y causando la misma emoción que un matojo rodante de esos de las pelis del Oeste.
  • Ignorando a tu mercado.
  • Mareando una estrategia de email marketing con preguntas como:

– ¿Se ofenderá mi suscriptor si le envío emails?
– ¿Qué tipo de emails debo escribir?
– ¿Tengo que poner emojis en el asunto y alguna palabra en mayúsculas?
– Número de llamadas a la acción: ¿primo o compuesto?

Estas son algunas que me vienen a la mente, pero hay más.

Cero conversiones.

Cero ingresos.

¿Y si te centras en lo importante, en entrar en su mente, en que se sienta feliz por haberse cruzado contigo y no pare de sonar ese sample con el que los Pink Floyd abren su tema “Money”?

¿Miedo? ¿Aversión? ¿Indecisión?

Te recuerdo que el marketing va de vender. Para jugar al Twister o a las oficinas, escogiste la puerta equivocada.

Gracias por haber llegado hasta aquí. Besos para todos.