Hace unos años leí en un libro algo curioso.

Macabro, pero curioso.

A ver…

¿Qué tienen en común series viejunas como Los héroes de Logan o Embrujada, con otras más recientes como Friends o The Big Bang Theory?

Sus risas.

Esas que deciden qué es gracioso y qué no en un episodio.

Risas enlatadas.

Usadas con idea de modular a conciencia las reacciones de los telespectadores.

Siempre las mismas.

Grabadas.

Salidas de las gargantas del público de un programa de radio estadounidense, hace unos 70 años.

Pues…

La mayoría de ellos ya habrán muerto.

Pero sus carcajadas siguen ahí, acompañándote en tus horas de relax y desconexión.

¿Te imaginas que ocurriese lo mismo con algunas de esas personas —o todas— que aparecen en las fotos de stock de las que muchos negocios tiran para sus webs?

Sí, esas en las que uno o varios individuos e individuas sonríen mientras miran el monitor de un ordenador, chocan sus puños, se toman un café (sonriendo, claro) o hacen como que curran.

Que, además, son como muy Benetton.

Macabro también, cuando menos. No sé, piénsalo. Sobre todo, si eres de usarlas, de poner cualquier cosa en tu web.

Venga, aquí van un par de consejos que no me has pedido, pero que te dejo igualmente:

Consejo 1: si tienes un negocio o marca con presencia en internet, confía tus fotos a un fotógrafo.

Consejo 2: huye de textos plantilleros, prefabricados, de que tu web parezca el muñeco de un ventrílocuo, un ser inanimado que habla con el mensaje de otro.

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