Es importante saber diferenciar pizzas.

Vaya, en el caso de que te encante comerlas, claro.

Igual no son lo tuyo.

O eres de esos que las hacen o piden con piña.

Quién sabe.

De esos que se ganan su plaza en el aburrido cielo. A pulso. Toda la eternidad rodeados de angelitos, jugando al parchís. Sin parar, enlazando partidas. Por mancillar un manjar. Se lo merecen.

Pues lo mismo ocurre con las grandes ideas.

Es probable que no encuentres ninguna si no sabes cómo son.

Puedes tirarte toda tu vida comiendo pizzas de esas que sirven en multitud de establecimientos con reparto a domicilio.

Si, esas que harían cortarse las venas a un italiano y llorar lamentando no tener más venas que cortar en los brazos, más bien emparentadas con aquellas ochenteras/ noventeras de masa con agujeritos, rematadas con tranchetes. Porca miseria.

Donde se ponga esa fragancia como a pan recién horneado, mezclada con toques ácidos, salados…, bordes inflados y dorados, con algunos puntos más tostados…

Venga, paro.  Yo también estoy salivando.

Entonces, ¿qué hay que buscar?

¿Cómo se sabe cuándo nos topamos con una gran idea?

Una gran idea debe generarte algún tipo de emoción. Ya sea alegría, tristeza, nostalgia, deseo, curiosidad… De esas que te tocan en algún punto de dolor.

Hacerte imaginar. Abrir los ojos. Percibir de forma diferente.

Y provocarte pasar a la acción.

Si ofreces un servicio y/ o tienes un negocio con presencia en internet, pongo mis ideas a tu disposición, a través de este enlace:

No basta con tener una web bonita.

P.D.: Textos persuasivos cocinados a fuego lento, con mimo. Cero fast food.