Beethoven es el eje central de este artículo.

Resulta que su legado compositivo genera un drama entre los directores de orquesta y los músicos.

El tempo que dejó escrito Beethoven en varias de sus obras es «demasiado rápido».

Y todo el mundo las toca más lentas de lo que él pidió en sus partituras.

¿Era un punki?

¿Quería trolear a aquellos que interpretasen sus composiciones?

¿Usaba un metrónomo roto?

¿Todo es fruto de algún tipo de confusión?

¿O es tan sencillo como que lo tienes que tocar así de rápido?

Fue en la época de Beethoven cuando se introdujo un aparatejo que fue una auténtica revolución: el metrónomo.

Al fin era posible prescindir del uso de términos en italiano (adagio, presto, etcétera) para marcar a qué tiempo se tocaba una composición musical.

Por otro lado, una partitura muestra una serie de relaciones numéricas que no dan pie a la ambigüedad.

Notas, compases…

Matemáticas puras y duras.

Entonces, ¿cómo puede haber lugar a error?

Es un enigma.

Existen miles y miles de estudios, investigaciones… Incluso un canal de YouTube dedicado exclusivamente a él.

Pues va una pareja de investigadores españoles y lanza esta pregunta:

¿De qué maneras se puede romper un metrónomo?

Y comienzan a trabajar en base a ella, con ecuaciones, prediciendo cientos de maneras en las que el metrónomo podía haberse roto.

Ninguna terminaba de encajar.

Pero reparan en un curioso detalle: la gente toca las composiciones del celebre compositor alemán a unos 12 o 13 BPM (golpes por minuto) más lento que lo indicado.

Esa diferencia es de 1,5 cm en la escala de un metrónomo.
Justo lo que mide la pieza o masa, de forma trapezoidal, que indica la velocidad.

¿Y si Beethoven creyó que era una flechita y anotaba el número que aparecía abajo, no el de arriba, que es el correcto?

Algo que ahora puede resultar obvio, en aquellos tiempos podía no ser tan evidente.

No olvides que era una nueva tecnología, sin manual de instrucciones, sin foros de ayuda, sin soporte técnico 24/ 7.

¿Necesitas una prueba más?

La encontraron en el manuscrito de su Novena Sinfonía Beethoven, en una anotación que decía: «¿108 o 120?»

12 BPM entre una y otra, justo.

¿Eureka?

Vale, ¿pero esta historia esconde alguna lección de marketing, de ventas?

Te dejo ahí, pensando.

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