Esto no es el viaje del héroe

No, aquí no vas a leer cómo conseguí un Lamborghini con 24 años. Ni siquiera tengo coche. No me gustan, y menos aún, conducir.

Tampoco voy a aprovechar el espacio para echarme flores, ponerme por las nubes, enumerando mis logros, títulos y demás. No es mi estilo.

Pero, sí te quiero hablar sobre un DIN A4 grueso, varios rotuladores Carioca e ingentes cantidades de ilusión.

¿Aficionado al dibujo? Qué va, se me da fatal.

Con esos elementos, ufano, preparé el cartel con el que, a la edad de 12 años, me disponía a anunciar al mundo —desde el balcón de mi casa— que me ofrecía como programador de software para empresas.

Mis conocimientos de Basic, Logo y MS-DOS pedían ser algo más que un mero divertimento en aquella época pre internet en la que muchos ordenadores estaban emparentados con cintas de cassette y bolígrafos.

¿Sabes qué? Como era de esperar desde un punto de vista adulto, a mi padre no le pareció una buena idea. Fin de mi aventura. Misión abortada.

Lo crucial es que pese a que han pasado muchos años —y los lenguajes de programación dejaron de interesarme hace eones—, esa ilusión, esa fiebre preadolescente, se mantiene ahí, intacta, en ebullición constante.

Y más en momentos en los que proyectos e ideas se desmoronan. Momentos en los que necesito que algo cuaje, que eche raíces, que crezca.

En uno de ellos, doy a luz a Rojohueso.

Algo en lo que soy yo al 100%, sin filtros, sin tenerme que amoldar a la personalidad y tono de marca de otros, como solía ocurrirme en el pasado.

Por cierto, en caso de que te lo estés preguntando: no, Rojohueso no es un color, ni la suma de mis apellidos. Mi nombre es José Gallardo. Encantado.

¿Entonces?

En inglés, mestizo se traduce como redbone.

Jugué con la idea de que unir varias disciplinas como el copywriting y el SEO es una suerte de mestizaje, y traduje, literal e incorrectamente («Huesorojo» no me convenció), el término al castellano.

Por otro lado, me daba tremenda pereza ponerle a esto un nombre de copistería.

Voilà.

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¿Un hombre con una misión?


La mayoría de los dragones escupen fuego y secuestran a damiselas en apuros. No sé si eres una damisela, pero yo no soy un dragón. Puedes fiarte de mí. Lo que sí hago es escribir para aplacar la voracidad de mi bolsillo y que tú consigas más y mejores clientes. Mucho más práctico en este mundo en el que vivimos, ni punto de comparación.