¿Sabías que la penicilina surgió de un experimento fallido?

Sí, el primer antibiótico empleado en medicina fue descubierto por Alexander Fleming de una forma un tanto casual mientras estudiaba bacterias de estafilococo.

Resulta que olvidó, cerca de una ventana abierta, una placa de Petri que contenía bacterias, y esta se contaminó con una especie de moho que había entrado con el viento.

Pero, su curiosidad hizo que, en vez de arrojar su arruinado experimento a la basura, colocase la placa de Petri en el microscopio, descubriendo que el hongo Penicillium eliminaba las mortales bacterias Staphylococcus.

Pues, espera, que algo similar ocurrió con los rayos X.

Andaba el físico William Conrad Röntgen, allá por 1895, experimentando con rayos catódicos, cuando vio que, al situar una pantalla más alejada de su aparato, se iluminaba de una forma bastante inesperada.

Dedujo que esto era debido a otro tipo de radiación.

Y, al estudiarla, observó que los rayos eran capaces de no desviarse incluso al atravesar los sólidos.

La mano de su esposa sirvió de conejillo de Indias para realizar la primera radiografía de la historia.

Como ves, de experimentar, y de cometer algunos errores, surgen ideas asombrosas.

En palabras de Fran Chuan, —experto en potenciar la innovación en las empresas a través del lado humano que las hace posible—, “el error es la obtención de un resultado no esperado. Y experimentar y cometer errores es una manera de descubrir, debe verse como un modo de aprender. De hecho, 3 de 4 experimentos de innovación darán un resultado no exactamente el deseado, errar es parte del proceso. Pero los que se equivocan, si perseveran, acaban triunfando. Diferente es fracasar, es decir, errar sin aprender de ello”.