El impostor durmiente

Descuida, no voy a hablarte del videojuego Among Us y sus impostores.

Me refiero a esos otros que, en el mundo del copywriting, padecen un síndrome que les hace tener un miedo constante a defraudar.

Temor a meter la pata, a no estar a la altura, a que les pidan referencias y no cumplir las expectativas de su cliente.

Aquello que los lleva a cobrar menos por su trabajo, a postergar tareas, etc.

 

Las garras del Síndrome del Impostor

Al cobijo de la oscuridad, la melatonina se libera.

Esto te induce a dormir por la noche, cuando su cantidad aumenta en tu organismo.

Momento en el que, en forma de sueños, cada uno tiene su propio universo. Su propio pedazo de mundo en el que, quizás, sentirse importante.

Ya sea protagonizando historias sin pies ni cabeza, dignas del privilegiado ingenio de David Lynch, o de esas no aptas para menores, por ejemplo.

Pues algo similar ocurre cuando caes en las garras del Síndrome del Impostor, pero despierto, y sin el componente divertido.

¿Y si son miedos que habitan en tu imaginación?

¿Y si el problema es que te acabas montando tu propia película, y en ella, te crees importante, el centro?

No eres consciente de que tu cliente solo busca que le soluciones algo. Ver resultados. Punto.

Tú, le das igual.

Es como esa gente que se empeña en hacerte saber que escribir es su pasión, y que su misión es ayudarte.

Sin darse cuenta de que a nadie le importa. Porque es algo suyo, para ellos, no algo que hacen para sus clientes.

El cliente quiere que le demuestren esa pasión, no que se la cuenten.

Necesitas saber venderle que eres la mejor opción, no que emplates tu inseguridad y se la sirvas, para que la huela y saboree.

Por supuesto, doy por sentado que cuentas con la formación adecuada. Nada de “he participado en un entrenamiento gratuito de 3 días y ya estoy buscando clientes”. En caso contrario, el Síndrome del Impostor está más que justificado, seas copy, carpintero o astronauta.